En algún punto de
nuestras vidas alguien ha dicho o ha hecho algo lo cual nos ha ofendido de tal
modo que llegamos a tener tanto y tanto odio, y por lo cual le guardamos rencor
a esa persona por el resto de nuestras vidas.
Algunas personas hasta viven consumidas por el odio y el rencor que
llevan por dentro y bajo ninguna circunstancia están dispuestos a perdonar a
absolutamente a nadie. Pero la realidad es que cuando vives preocupado con
tanto odio y rencor en tu mente, tu vida en cambio se convierte en una vida
amarga y miserable, lo que en cambio le hace la vida amarga y miserable a tus
seres queridos e amistades.
Cuando yo tenía 8 años
de edad, mi señor padre salió a realizar sus tareas laborables en una cafetería
local no muy lejos de donde vivíamos. Ese día no recuerdo el porqué, pero mi
padre me pidió un abrazo de despedida como siempre acostumbraba a hacer, pero
yo me rehusé a hacerlo ya que estaba enfurecido con él. Varias horas más tarde
mientras me encontraba jugando con mi hermano en el patio de nuestra casa,
sentí el ruido de una terrible explosión y en el horizonte pude ver una columna
gigantesca de humo. Minutos después se
empezaron a oír las sirenas de decenas de vehículos de emergencias los cuales
iban en rumbo hacia el área de donde el humo estaba procediendo. Ese triste día, 11 de enero del 1975, es un
día que jamás olvidare. Fue en ese día que perdí a mi señor padre víctima de un
horrendo ataque terrorista.
Aunque nunca se
encontró a quien o quienes fueron responsables por la muerte de mi señor padre,
por muchos años viví consumido en un odio inmenso por la persona o personas la
cuales causaron la muerte de mi señor padre.
Con los años más tarde ese odio se convirtió en muchísimo más odio, ya
que yo no podía entender por qué, las autoridades no tenían un sospechoso en
sus manos. Pero secretamente el odio más
grande me lo tenía a mí mismo, ya que fui yo el que me rehusé a abrazar y
despedirme de mi señor padre en aquella triste tarde. Este odio no solamente me afectaba a mí como
persona individual, pero también afectaba mi relación con mis seres queridos y
amistades. He aprendido que la vida es muy corta para mantenerle odio y rencor a una persona o personas por incidentes que ocurrieron hacen mucho tiempo atrás. Después de muchos años, aprendí a perdonar al asesino o los asesinos de mi señor padre, pero más importante aprendí a perdonarme a mí mismo por mis errores del pasado. Debemos de perdonar a aquellos que nos han ofendido y perdonarte a ti mismo por errores cometidos en tu pasado. Si no lo haces por el bien de la persona o personas que te han ofendido, hazlo por el bien tuyo y veras que vas a vivir una vida mucho más placentera y saludable.
El perdonar a alguien no significa que te vas a olvidar del incidente, pero te dará la oportunidad de vivir tu vida relativamente tranquila, con mucha paz y sin odio.